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América Latina

Locales de comida emergentes en América Latina que están cambiando el mapa culinario

En América Latina, una nueva ola de locales emergentes está redefiniendo la manera de comer, mezclar tradiciones y mirar el sabor desde una perspectiva más audaz y local. Acompáñanos a descubrir direcciones que ya están marcando tendencia, con propuestas frescas que invitan a recorrer la región bocado a bocado.

comida latina

Distritos urbanos que se han convertido en centros de creatividad

 

Hay barrios que operan como laboratorios urbanos, calles donde el diseño, la música y la cocina se encuentran para convertir una simple salida en una experiencia con identidad propia. Si sigues leyendo, vas a reconocer cómo se siente esa energía cuando una ciudad decide contar su historia desde la mesa.

 

Barrio Italia (Santiago)

 

En Barrio Italia, entre casonas antiguas y galpones reciclados, Santiago muestra su lado más inquieto: aquí conviven anticuarios con piezas únicas, talleres que abren sus puertas y vitrinas de autor que cambian cada temporada. La gracia está en caminar sin prisa, mirar, probar, volver a mirar, porque en pocas cuadras aparecen cafés de especialidad, panadería artesanal y cocinas creativas que reinterpretan recetas de siempre con guiños contemporáneos. Si quieres sentir el pulso del barrio, llega al atardecer, cuando las terrazas se encienden y el paseo se vuelve plan.

 

Barrio Bellavista (Santiago)

 

En Bellavista la calle tiene ritmo propio: murales que cambian de esquina a esquina, mesas que se alargan sin apuro y una vibra bohemia que se siente entre galerías, bares y pequeñas cocinas donde la noche siempre trae algo nuevo. Vale la pena ir con curiosidad, porque aquí la creatividad no solo se mira, también se prueba.


Para seguir trazando ese mapa de sabores con comodidad, el Mercure Santiago Centro es una base ideal: ubicación estratégica para moverse por la ciudad, ambientes acogedores para recargar energías y un servicio cercano que facilita cada plan. Después de un día de recorridos, volver a un lugar tranquilo y bien conectado hace que la próxima parada se disfrute aún más.

 

Zona G (Bogotá)

 

En la Zona G, la G no es un misterio: es de gourmet, y se nota en cada cuadra de Chapinero Alto, donde restaurantes de autor conviven con panaderías finas, cafés de especialidad y barras que reinterpretan clásicos colombianos con ingredientes de temporada. El plan ideal es caminar, mirar cartas, entrar por intuición y descubrir que muchas joyas del barrio se esconden detrás de fachadas discretas.


El Mercure Bogota BH Zona Financiera encaja perfecto con ese espíritu de exploración: ubicación estratégica para moverte con facilidad, habitaciones cómodas para descansar en serio y un ambiente contemporáneo que se agradece cuando Bogotá baja la temperatura. Así, cada salida a probar algo nuevo empieza con ganas y termina con una pausa bien merecida.

 

Punta Carretas (Montevideo)

 

Punta Carretas combina la rambla, el aire del Río de la Plata y un pulso gastronómico que se renueva sin perder su esencia: parrillas con oficio, bares de vino, cafés que invitan a quedarse y propuestas jóvenes que juegan con producto local. El truco es dejarse llevar entre caminatas al atardecer y mesas donde el menú cambia con la temporada.


Después de ese paseo de sabores, el Mercure Montevideo Punta Carretas cae como anillo al dedo: estás en el corazón del barrio, con un ambiente moderno y acogedor y el confort necesario para cerrar el día con calma. Así, la ciudad se disfruta a tu ritmo, con el descanso listo para que mañana sigas descubriendo nuevos locales.

 

Cocinas de fusión que reinterpretan las tradiciones locales

 

Aquí la fusión no es un truco, es una conversación viva entre herencias, técnicas y producto local que vuelve a las raíces con una mirada actual. Sigue avanzando y verás cómo esa creatividad se sirve en platos que sorprenden sin perder identidad.

 

Restaurante Boragó (Santiago)

 

En Boragó, en Vitacura, la alta cocina chilena se siente como un viaje por el territorio: el chef Rodolfo Guzmán construyó su propuesta alrededor de ingredientes nativos y de temporada, con una investigación constante que se nota en cada bocado. Lo más entretenido es dejarse llevar por su menú degustación, que suele moverse entre 15 y 17 pasos y convierte productos poco habituales en pequeños relatos, precisos y sorprendentes, de mar, cordillera y campo.

 

La Calma por la Chef Carolina Bazán (Santiago)

 

En La Calma, en Nueva Costanera, el mar chileno llega sin disfraces: la experiencia gira en torno a la pesca del día, lo recolectado y una intervención mínima que respeta el sabor propio de cada marisco. Pide la fuente de crudos o el plato que lleva el nombre de la casa y fíjate en los guiños sutiles, algas, salsa verde, el punto exacto del limón, porque detrás de esa aparente sencillez hay técnica fina y una despensa que cambia con la marea.

 

Maido (Lima)

 

En Miraflores, en Calle San Martín 399, Maido es de esos lugares que un limeño recomienda con una sonrisa, porque su cocina nikkei une técnica japonesa con despensa peruana sin perder frescura ni carácter. Bajo la mano del chef Mitsuharu “Micha” Tsumura, la experiencia suele vivirse mejor con su menú degustación, una secuencia de pasos que cambia con la temporada y que explica por qué el restaurante llegó al No. 1 de The World’s 50 Best Restaurants 2025.

 

El Chato (Bogotá)

 

En Chapinero Alto, El Chato se vive como un bistró contemporáneo con alma bogotana: el chef Álvaro Clavijo trabaja con ingredientes frescos y locales, celebra la biodiversidad de Colombia y deja que la técnica haga lo suyo, sin perder cercanía en el plato. Si te gusta comer con curiosidad, vale la pena ir por su degustación o por la carta y entender por qué en 2025 fue reconocido como el mejor restaurante de América Latina en la lista Latin America’s 50 Best.


Y cuando el recorrido pide un buen descanso, el Mercure Bogotá Calle 100 acompaña el plan con comodidad y practicidad: Wi-Fi, desayuno tipo bufé, parking privado 24 horas, espacios listos para reuniones y dos paradas perfectas para cerrar la jornada, el Restaurante Candelaria y el Bar Guadalupe.

 

Mercados y espacios colectivos que revelan nuevos talentos

 

Estos mercados son pequeñas ciudades dentro de la ciudad: mesas compartidas, puestos inquietos y una energía que convierte cada visita en una caza de sabores. Sigue leyendo y verás cómo, entre pasillos y vitrinas, aparecen nuevas manos cocinando el futuro con acento local.

 

Mercado Mastica (Santiago)

 

En Vitacura, el Mercado Mastica se arma al aire libre junto al Parque Bicentenario como una vitrina sabrosa de pequeños productores y foodtrucks, con un ambiente familiar que mezcla comida, música y ese paisaje de cordillera que Santiago regala cuando el día está claro. Suele realizarse una vez al mes entre marzo y diciembre, con entrada gratuita, así que lo mejor es llegar con apetito y curiosidad, recorrer primero los puestos, probar algo al paso y luego quedarse un rato en las mesas compartidas, porque aquí los nuevos talentos se descubren conversando y degustando sin prisa.

 

Persa Biobío (Santiago)

 

El Persa Biobío, en el barrio Franklin, es un universo propio donde se mezclan ferias, galpones y pasillos infinitos: un día puedes salir con un vinilo, una lámpara antigua o una chaqueta vintage, y al siguiente volver solo por el olor a cocina callejera que aparece entre puestos. El secreto está en ir temprano, dejarse guiar por el sonido y la curiosidad y terminar la vuelta con algo rico en la mano, porque en este persa también nacen proyectos gastronómicos pequeños que crecen a fuerza de sabor, fila y boca a boca.

 

Cobal do Humaitá (Río de Janeiro)

 

En Río, la Cobal do Humaitá es ese punto de encuentro que los locales guardan como comodín: un espacio entre Botafogo y Humaitá donde conviven puestos de frutas, verduras y flores con bares y restaurantes que se llenan en cuanto baja el sol. Ocupa casi un cuartalón y la gracia está afuera, con mesas al aire libre, cerveza bien fría y, si hay suerte, algún toque de música que le pone banda sonora a la noche carioca.

 

Mercado Ferrando (Montevideo)

 

En pleno Cordón, el Mercado Ferrando es un refugio urbano donde una antigua fábrica se volvió punto de encuentro, con mesas compartidas y un ir y venir de sabores que cambia según el antojo del día. Lo mejor es llegar con tiempo, recorrer sus locales, pedir algo distinto en cada parada y terminar con una cerveza artesanal o un helado hecho acá, de esos que te hacen entender por qué este mercado se ganó un lugar fijo en la rutina montevideana.

 

Rutas gastronómicas para viajeros curiosos

 

Cuando una ciudad se te queda corta, la mejor idea es seguir el apetito por carretera y convertir el camino en parte del menú. En las próximas rutas, la mesa se despliega entre viñedos, costas y paisajes que se disfrutan con ojos atentos y curiosidad bien despierta.

 

Ruta del Vino del Valle de Colchagua/Casablanca

 

En Colchagua y Casablanca, el vino se entiende mejor cuando lo acompañas con paisaje, conversación y cocina bien hecha. La clave está en armar el día como un recorrido flexible: una bodega con historia, otra más pequeña con mirada nueva y tiempo suficiente para sentarse a la mesa sin apuro.

  • Empieza temprano y elige tu valle según el antojo: Colchagua suele enamorar con tintos generosos y un aire más campestre, Casablanca seduce con blancos frescos y una influencia costera que se nota en la copa.

  • Haz una primera parada con recorrido de bodega: entra a la sala de barricas, pregunta por el origen de las uvas y prueba etiquetas distintas, la diferencia entre estilos se siente al instante.

  • Reserva un almuerzo con maridaje: busca menús que trabajen producto local y estaciones, porque ahí el vino deja de ser “degustación” y se vuelve experiencia completa.

  • Suma una cata temática: cepas emblemáticas, vinos de altura o ediciones limitadas, son espacios ideales para descubrir qué te gusta de verdad y por qué.

  • Cierra con un plan tranquilo: atardecer entre viñedos, una tabla de quesos, pan artesanal y aceite de oliva, lo simple bien elegido siempre funciona.

  • Tip de local: si manejas, define un conductor designado o contrata traslado, así el recorrido se disfruta con la libertad que merece.

Al final, no se trata de probar mucho, sino de probar bien: una buena conversación y un par de copas memorables hacen el resto.

 

Ruta de los Sabores de Chiloé

 

En Chiloé, el sabor tiene clima, tiene relato y tiene ese punto de misterio que deja la neblina sobre los palafitos. Aquí la cocina no se apura, se cocina lento, se comparte, y siempre viene con paisaje de canales, bosques y mar.

  • Empieza por el curanto como manda la tradición: si encuentras uno hecho en hoyo, verás cómo se arma la ceremonia, piedras calientes, hojas que perfuman, capas de mariscos, carnes y papas que se cocinan con vapor y paciencia.

  • Prueba papas nativas en distintas formas: en Chiloé no son acompañamiento, son patrimonio, búscalas en guisos, en tortillas o simplemente cocidas con merkén o mantequilla, cada variedad tiene textura propia.

  • Haz una parada en una cocinería de mercado: pide mariscos frescos según la marea, almejas, choritos, erizos si es temporada, y pregunta cuál plato “sale mejor hoy”, esa respuesta suele ser oro.

  • Súmate a una ruta de ahumados y conservas: pescados ahumados, mermeladas caseras, licores artesanales, pequeños productores que te cuentan el porqué de cada receta.

  • Equilibra comida y paisaje: un mirador, una iglesia de madera, una caminata corta por bosque húmedo, y luego una mesa caliente, así se entiende el ritmo chilote.

  • Tip de local: lleva abrigo y algo impermeable incluso en días claros, el clima cambia rápido y eso también forma parte del encanto.

Cuando te vayas, vas a recordar sabores, sí, pero también el sonido del mar y la calidez de una mesa compartida.

 

Descubrir culturas, sabores y experiencias auténticas con Mercure

 

América Latina se está contando de nuevo desde la cocina: en barrios creativos, restaurantes de autor, mercados vivos y rutas que convierten el viaje en descubrimiento. Para acompañar ese recorrido con un toque local y mucho confort, los hoteles Mercure en la región son una gran elección: te acercan a la escena gastronómica del momento y te invitan a explorar con calma, con espacios pensados para descansar bien, planear la próxima parada y seguir sumando experiencias auténticas.


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