Chile
Vive en primera persona las principales leyendas chilenas
Chile guarda leyendas que se sienten en el paisaje, en los nombres de sus lugares y en relatos que siguen circulando de boca en boca, como parte del pulso cotidiano. Acompáñanos a recorrer escenarios y personajes que aún habitan la imaginación del país, con claves locales para vivir estas historias sin perder el encanto del viaje.
¿De dónde surgen estas historias chilenas?
Las leyendas chilenas nacen donde el territorio manda: en el sur lluvioso que cruje con el viento, en el norte que guarda silencios largos y en la costa donde la niebla cambia el ánimo de un puerto en minutos. Muchas surgieron para explicar lo que no tenía explicación inmediata, un ruido en el bosque, una luz sobre el mar, un cerro que parece vigilar, y con el tiempo se volvieron parte de la conversación cotidiana, como si la geografía también contara historias.
En ese mapa de relatos, las leyendas indigenas chilenas tienen un lugar central porque conectan paisaje y cosmovisión, no como fantasía, sino como una forma de entender el mundo y convivir con él. Por eso, cuando viajas, descubres que no se quedan en los libros: aparecen en nombres de lugares, en recomendaciones de la gente local y en pequeñas costumbres que, sin darte cuenta, te invitan a escuchar con más atención.
Relatos e leyendas que siguen en la memoria popular y marcaron el imaginario chileno
Las historias de leyendas chilenas se escuchan como un rumor familiar entre islas, lagunas y desiertos, y cada una guarda un escenario perfecto para seguir leyendo y descubrir cómo el mito se mezcla con el viaje.
La Pincoya (Chiloé)
En Chiloé, hablar de La Pincoya es hablar del mar y de su humor: se dice que aparece bailando en la orilla, con el cabello mojado y la mirada puesta en el agua, y que su danza anuncia cómo vendrá la pesca. Si baila de cara al mar, hay abundancia, si lo hace hacia la tierra, la temporada se pone difícil, por eso en más de un muelle todavía se escucha el comentario en voz baja cuando el oleaje cambia y la niebla se descuelga sobre los canales.
El Trauco (Chiloé)
El Trauco camina como advertencia entre el bosque húmedo y los senderos que se cierran con helechos: pequeño, fuerte, de mirada intensa y con su bastón de luma, es el personaje al que se nombra cuando la noche se vuelve espesa y conviene no internarse solo. La leyenda dice que su encanto es irresistible y por eso, en la memoria popular chilota, también funciona como explicación antigua para lo que la comunidad prefería no decir en voz alta, una historia que mezcla temor, pudor y ese respeto profundo por el monte.
El Caleuche (Chiloé)
El Caleuche es el barco que nadie ve del todo, pero muchos aseguran haber presentido: una nave fantasma que aparece entre brumas, con música a bordo, luces que titilan sobre el canal y un rumbo que cambia como si el mar lo escondiera a propósito. La tradición dice que recoge a los náufragos y protege secretos, y por eso en las noches húmedas, cuando el viento baja y el agua se vuelve espejo, más de un local prefiere mirar de reojo y seguir caminando.
La Laguna del Inca
En Portillo, a más de 2.800 metros de altura, la Laguna del Inca sorprende por su color turquesa intenso, y no falta quien diga que esa tonalidad tiene historia propia. La leyenda cuenta que una princesa inca lloró la muerte de su amado y sus lágrimas llenaron la laguna, por eso muchos locales la miran con una mezcla de respeto y curiosidad, como si el paisaje guardara memoria incluso cuando el viento andino lo vuelve todo silencio.
El Roto que engañó al diablo
En el campo chileno, la historia del Roto que engañó al diablo se cuenta con una sonrisa discreta, porque mezcla picardía y moraleja sin ponerse solemne. El protagonista, pobre pero vivo de mente, se topa con el diablo y lo vence con astucia, usando trampas simples, juegos de palabras y la capacidad de leer la situación mejor que su rival, como recordatorio popular de que en Chile la inteligencia práctica vale más que el miedo.
La Flor de Añañuca
En el norte chico, cerca de Vallenar, la Flor de Añañuca nace entre cerros secos y cielos abiertos como una historia de amor que el desierto no quiso olvidar. La leyenda habla de una joven que espera a su amado minero hasta que el sueño y la pena la vencen, y al día siguiente el lugar amanece cubierto de flores rojas, por eso cuando ocurre el desierto florido, muchos lo viven como un milagro breve, hermoso y muy chileno.
Un refugio con aire local para seguir la ruta de los mitos
Si vas a saltar de Chiloé a la cordillera o del desierto al valle, conviene tener una base cómoda que te deje moverte sin complicaciones, y en Concepción el Mercure Concepción cumple ese rol con estilo tranquilo y muy bien conectado. Está cerca de la Universidad de Concepción, del Parque Ecuador y del Cerro Caracol, tiene habitaciones con aire acondicionado y wifi gratis, además de restaurante y bar para cerrar el día como corresponde, con un buen plato y una historia más en la cabeza.
Mitos de pueblos originarios
En Chile, las leyendas indigenas chilenas siguen vivas en relatos que explican el origen del mundo, el carácter del mar y la fuerza de la tierra, y te invitan a seguir leyendo para descubrir cómo cada pueblo guarda su propia manera de contar.
Tren Tren y Kaikai
En la tradición mapuche, Tren Tren y Kai Kai explican por qué Chile parece un país tallado por la fuerza: una serpiente de la tierra que protege y otra del mar que se enfurece, y cuando chocan, el paisaje cambia. Se dice que Kai Kai levantó las aguas para castigar a la gente, y que Tren Tren hizo crecer los cerros para salvarla, por eso muchos relatos del sur hablan de inundaciones, de alturas que aparecieron como refugio y de un respeto profundo por el océano y por la montaña, como si ambos siguieran discutiendo bajo nuestros pies.
El Zorro y la Quinoa
En los Andes, El Zorro y la Quinoa se cuenta como una lección breve, de esas que caben en una sobremesa: el zorro, vivo pero ansioso, quiere aprovecharse de un cultivo que no entiende y termina perdiendo por su propia prisa. La quinoa aparece como símbolo de paciencia y trabajo bien hecho, un recordatorio de altura donde el clima es duro y cada grano se gana, por eso la historia se escucha todavía en pueblos del norte, entre chacras pequeñas y ollas humeantes.
Otumaúa (Rapa Nui)
En Rapa Nui, Otumaúa aparece en algunas versiones como un nombre que se asoma entre relatos de navegación y origen, ligado a la idea de llegar al Te Pito o Te Henua, el “ombligo del mundo”, en medio del Pacífico. No es una leyenda contada con un solo libreto, ahí está su encanto: se menciona como eco de viajes antiguos, de mar abierto y de esa manera rapanui de mirar el horizonte con respeto, como si cada ola guardara una pista.
Mitos del Norte y Centro de Chile
Entre el Norte y la zona central, la mitologia chilena cambia de tono con el paisaje y deja leyendas chilenas de la zona central que se sienten cercanas, intensas y perfectas para seguir leyendo con curiosidad.
Ño Carnavalón
En el Norte Grande, Ño Carnavalón es el personaje que encarna la fiesta y también su despedida: llega con música, comparsas y harina en el aire, y se va cuando el carnaval se “cierra” con un rito que muchos conocen como el entierro o la quema, según la localidad. La gracia del relato está en ese giro local, la alegría se vive a fondo, pero también se ordena el regreso a la rutina, como si la comunidad dijera en voz alta que la celebración tiene su tiempo y su forma.
Tololo Pampa
En el Norte Chico, Tololo Pampa se menciona como si fuera un tramo de carretera con truco: un pueblo de luces que aparece de noche entre los llanos del desierto atacameño, cerca del camino hacia Carrizal Bajo, con calles, música y hasta la promesa de un descanso rápido para el viajero cansado. La gracia inquietante es el final, al amanecer todo se esfuma y quien “entró” despierta entre piedras y arena, a veces con algún objeto en el bolsillo como prueba mínima de que no fue solo un sueño.
La Quintrala
En la zona central, La Quintrala se cuenta como una sombra elegante y temida a la vez: Catalina de los Ríos y Lisperguer aparece en el imaginario santiaguino como una figura de poder, belleza y crueldad, rodeada de rumores que mezclan historia, moral y miedo social. Por eso su nombre sigue apareciendo en conversaciones y recorridos patrimoniales, no solo como personaje, sino como advertencia, la leyenda cambia según quien la narre, pero siempre deja la misma sensación de inquietud bien local.
Tu base en Santiago para seguir las huellas del mito, con comodidad
Si vas a recorrer Santiago buscando nombres que aún pesan, calles que guardan rumores y rincones donde las leyendas se sienten más cerca, conviene alojarse donde la ciudad se conecta fácil y el descanso está garantizado. El Mercure Santiago Centro queda junto al Metro Santa Lucía, frente a la Biblioteca Nacional y a pasos del Cerro Santa Lucía, además suma piscina al aire libre, gimnasio y el restaurante Amaranto para cerrar el día con calma y buena mesa, como quien ordena la cabeza después de tantas historias.
Cómo vivir estas historias durante el viaje
Para vivir estas historias en el viaje, el truco es cambiar el ritmo: caminar más, mirar hacia arriba y escuchar lo que la ciudad comenta sin darse cuenta. En Santiago, muchas leyendas aparecen en nombres de cerros, en placas patrimoniales, en librerías de viejo y en tours a pie que cruzan barrios históricos, y si te sientas un momento en un café clásico, siempre termina saliendo algún “¿conoces la historia de…?” que abre otra puerta.
También ayuda elegir bien el horario: al atardecer, los miradores se sienten más teatrales, en la mañana los mercados son pura vida y en la noche conviene quedarse con la versión contada, no con la explorada, porque el encanto está en escuchar, no en exponerse. Lleva una libreta o una nota en el celular para anotar frases, nombres y lugares, así tu ruta se convierte en un mapa personal de relatos que siguen vivos.
Encuentre comodidad y conexión cultural en cada destino en los hoteles Mercure
Las leyendas chilenas no se quedan en el papel, se sienten en el paisaje, se cuelan en la conversación y le dan otra profundidad a cada kilómetro del viaje. Para seguir ese hilo con calma y buen gusto, los hoteles Mercure en Chile son un gran punto de apoyo: confortables, acogedores y bien ubicados para moverte entre ciudades, costas y valles, siempre con esa conexión cultural que hace que el destino se viva, no solo se visite.
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